Queridísima elementa:
Le escribo estas líneas aprovechando un receso y ante la contrariedad de ser día feriado en
su tierra. Otras vías de comunicación están desconectadas o fuera de cobertura
en estos momentos.
Creo que es justo confesarle que doy gracias al cielo y a
toda su plantilla (ángeles, arcángeles,
querubines, serafines y al vecino del cuarto primera, que era un santo) por no
haberla conocido de adolescente. Conociéndome, estoy seguro de que no hubiera
llegado a ser un hombre de provecho. Yo, que estaba alterao desde el punto de la mañana hasta las tantas
de la noche… con alguien como usted, que seguro que ya apuntaba maneras de elementa
… hubiera llegado a unas cotas de atontamiento
y gilipollez inapropiadas. No hubiera podido dar satisfacción a mis padres. No
hubiera podido obtener las buenas calificaciones que obtuve. La falta de
fornicio aceptable me llevó a hincar los codos. Con usted cerca hubiera hincado
otra cosa….
La he conocido ahora, con más de media vida hecha. Y doy
gracias por tenerla a una distancia considerable. Si estuviera más cerca….
Toda la inversión de mis padres dilapidada…. Un perdido…
Todos los días quiero saber de usted y dejar constancia de
ello.
No creo sorprenderla si le digo que me enamora su
vena cabrita… esa que masturba mentes y
las empotra contra la pared
No voy a ceder ni un milímetro en la confianza ganada. Soy
mosca cojonera, pija… pero cojonera.
Ahora bien… cuando la
tenga contra el respaldo del sofá, o la mesa, o cualquier elemento que la pueda
sujetar, sus ojos chicos se abrirán
redondos y grandes…. como los dibujos manga japoneses
Afectuosamente
El alcachofo





