miércoles, 1 de mayo de 2013

La primera vez (2ª parte)





Me gusta mirarla a los ojos. Hay una complicidad muy especial. Cuando le viene el subidón parece retarte, y su cabeza funciona a mil. Nunca sabes por dónde va salir. Eso es lo que me enamora de ella… que de una u otra forma acaba sorprendiéndote.

Las tazas de café están como nos las sirvieron…. sin empezar…. no es café lo que quiero tener en mi boca. Le propongo marcharnos ya. No consigo hilvanar una conversación inteligente, y hablar del tiempo me parece patético. Salimos de la cafetería y llamamos un taxi.

Algo está tramando. Mientras el vehículo dobla las calles, la miro por el rabillo del ojo y veo como su falda va subiendo. Has visto que encaje más bonito me compré el otro día? Joderrrrrrrrrr. Una vez me dijo que no jugaba limpio… y lo está demostrando otra vez.  Lleva medias con liguero… abre las piernas un poco para que pueda ver la braguita blanca con puntillita. Son dos rosas enlazadas a través de las que se intuye la sombra de su escueto pubis. Me mira para ver la reacción…. Trago saliva. Qué coño espera? Estoy atacao. Sabe perfectamente que he fantaseado miles de veces con tener su sexo a dos milímetros de mi boca… que puedo perder la conciencia del tiempo…. que he soñado con abrir esos labios con la lengua… lamer despacio… succionar… recrearme mientras ella me acaricia el pelo… notar cómo se cimbrea con crecientes convulsiones…. cómo se tensa el cuerpo… llevarla a la locura retrasando el momento del orgasmo (aunque ha amenazado con saltarme la tapa de los sesos si hago eso)

Está cebando con pólvora el fuego

Le encanta… y a mí también

Empiezo a padecer el síndrome Igor…  ojos saltones…  uno mirando pa Cuenca y el otro pa Tarifa

Llegamos al hotel. Es un hotel discreto. No es grande, pero quizás por eso cuidan más los detalles. Flores en la entrada. Las ventanas protegidas con un toldo curvado de colores vivos le dan un aspecto pintoresco… no sé, me recuerda a alguna fotografía que he visto de Nueva Orleans. La recepcionista, muy amable, nos atiende con una cálida sonrisa.

Recojo la llave de la habitación. No utilizan tarjeta. En el bolsillo es imposible ponerla, con ese trozo enorme de metacrilato a modo de llavero. De hecho en el bolsillo está todo tan apretado que no cabría ni un mechero . El ascensor nos lleva al segundo piso. Estamos solos. Su olor a hembra en celo…. (estoy escribiendo y puedo sentirlo) me vuelve loco. Es un olor penetrante…. dulzón…  picante. Me viene a la cabeza una duda: habrán insonorizado bien las paredes del hotel?

El ascensor llega a su destino. El pasillo… sigo su culo… la puerta…. se cierra. Estoy detrás de ella. Por fin… es mía

Continuará…. tengo que hacer algo

 

 

 

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