Me gusta mirarla a los ojos. Hay una complicidad muy
especial. Cuando le viene el subidón parece retarte, y su cabeza funciona a
mil. Nunca sabes por dónde va salir. Eso es lo que me enamora de ella… que de
una u otra forma acaba sorprendiéndote.
Las tazas de café están como nos las sirvieron…. sin
empezar…. no es café lo que quiero tener en mi boca. Le propongo marcharnos ya.
No consigo hilvanar una conversación inteligente, y hablar del tiempo me parece
patético. Salimos de la cafetería y llamamos un taxi.
Algo está tramando. Mientras el vehículo dobla las calles,
la miro por el rabillo del ojo y veo como su falda va subiendo. Has visto que encaje
más bonito me compré el otro día? Joderrrrrrrrrr. Una vez me dijo que no jugaba
limpio… y lo está demostrando otra vez. Lleva
medias con liguero… abre las piernas un poco para que pueda ver la braguita
blanca con puntillita. Son dos rosas enlazadas a través de las que se intuye la
sombra de su escueto pubis. Me mira para ver la reacción…. Trago saliva. Qué
coño espera? Estoy atacao. Sabe perfectamente que he fantaseado miles de veces
con tener su sexo a dos milímetros de mi boca… que puedo perder la conciencia
del tiempo…. que he soñado con abrir esos labios con la lengua… lamer despacio…
succionar… recrearme mientras ella me acaricia el pelo… notar cómo se cimbrea
con crecientes convulsiones…. cómo se tensa el cuerpo… llevarla a la locura
retrasando el momento del orgasmo (aunque ha amenazado con saltarme la tapa de
los sesos si hago eso)
Está cebando con pólvora el fuego
Le encanta… y a mí también
Empiezo a padecer el síndrome Igor… ojos saltones… uno mirando pa Cuenca y el otro pa Tarifa
Llegamos al hotel. Es un hotel discreto. No es grande, pero
quizás por eso cuidan más los detalles. Flores en la entrada. Las ventanas
protegidas con un toldo curvado de colores vivos le dan un aspecto pintoresco…
no sé, me recuerda a alguna fotografía que he visto de Nueva Orleans. La
recepcionista, muy amable, nos atiende con una cálida sonrisa.
Recojo la llave de la habitación. No utilizan tarjeta. En el
bolsillo es imposible ponerla, con ese trozo enorme de metacrilato a modo de
llavero. De hecho en el bolsillo está todo tan apretado que no cabría ni un
mechero . El ascensor nos lleva al segundo piso. Estamos solos. Su olor a
hembra en celo…. (estoy escribiendo y puedo sentirlo) me vuelve loco. Es un
olor penetrante…. dulzón… picante. Me
viene a la cabeza una duda: habrán insonorizado bien las paredes del hotel?
El ascensor llega a su destino. El pasillo… sigo su culo… la
puerta…. se cierra. Estoy detrás de ella. Por fin… es mía
Continuará…. tengo que hacer algo

No hay comentarios:
Publicar un comentario